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  • Roberto S. Falquez

La música y la adolescencia

Actualizado: 17 ene

Hay muchas experiencias que afectan las diferentes variables que se desarrollan durante la etapa de la adolescencia . Por un lado, hay experiencias que son congruentes con la identidad que ellos quieren afianzar como agentes sociales, y por otro lado las experiencias que socialmente sienten que se espera de ellos. Particularmente de los 13 a los 17 años se vive una etapa de la vida que ambienta al adolescente con altas fluctuaciones de emociones, pensamientos y ánimos reacios, desafiantes, a veces desorientados y en casos rebeldes.


La música influye tanto en los adolescentes porque es de sus actividades preferidas escucharla y por ello la usan para ambientar sus espacios y actividades. Esta se usa para la consolidación de la identidad, modificar su estado de ánimo y fortalecer su capacidad de relacionarse con los demás. La música urbana contemporánea en todos los tiempos es aceptada por la juventud cuando el mensaje va ligado a la problemática sociocultural. Las posturas en los mensajes afirman o rompen estereotipos y estos influyen en la opinión y actitud de los adolescentes.


Escuchar y practicar música, pasar tiempo con amigos y usar el dispositivo móvil ocupan los tres primeros puestos entre las actividades favoritas de los adolescentes. Esto es coherente con los efectos de la música, ya que esta produce tranquilidad, relajación, estímulo, alegría, entre otras emociones que contribuyen a la mejora del estado de ánimo y al bienestar personal. La música proporciona placer, por esta razón no es extraño que los adolescentes escuchen música para aliviar la tensión y el estrés en épocas de evaluaciones o para evadir preocupaciones diarias, así como para evitar el aburrimiento.


La tecnología es el factor indispensable para el vínculo generado entre el adolescente y la música. Antes de que exista la música grabada, la cual llegó de la mano de la radiodifusión aproximadamente al inicio del siglo XX, solo se podía escuchar música en vivo. La música no gozaba de influencia alguna en los jóvenes, situación que se ha revertido y se ha situado en el extremo opuesto. Hoy pueden escuchar toda la música y tener acceso a nuevos descubrimientos con solo tener un dispositivo con internet. Esto ha sido un proceso acelerado que ha entrelazado la música con esta etapa de la vida por su inmediato e ilimitado acceso.


La adolescencia es definida y descrita de muchas formas por diversos psicólogos, sociólogos, educadores, entre otros. Lo cierto es que la convergencia de esta etapa es que contiene polaridades, contracciones constantes, melancolía, euforia, disforia, egoísmo, altruismo, soledad, ansia de aprobación y vida grupal. Jean-Jacques Rousseau evidencia que esta etapa crítica llena de emociones polarizadas se debe a la pubertad y al ser ese un factor común, se busca en su natural acercamiento a la música una ventaja que no existe en un contexto de conversación cotidiano.


En la malla curricular de los colegios y escuelas la música no es la asignatura prioritaria, por esto son tan importantes los espacios extracurriculares donde se imparte la enseñanza de instrumentos musicales a los adolescentes.


La música que se escucha en las asignaturas del colegio es diferente a la música que los adolescentes escuchan en casa. La música la escuchan los adolescentes en un promedio de 10.500 horas al año, eso quiere decir que no hay día que ellos no estén conectados por lo menos una hora con la música. El detalle está en que la asignatura de música en el colegio existe solo para aprenderla, pero absolutamente desligada de la importancia que tiene en la vida, la identidad y necesidades reales que ellos atraviesan.


La mayor parte del tiempo los adolescentes escuchan música en privado, bien sea aislados físicamente o aislados por sus audífonos, y esto es fuente de fortaleza para ellos porque nadie puede criticarlos, mientras no sepan lo que escuchan. A esto hay que agregarle que la música no es solo melodía y ritmo, esta tiene una carga de mensajes en su letra y en ellas se encuentra parte de la complacencia. La música contiene valores culturales, simbología social, códigos de comportamiento, fuentes de conocimiento, intereses, actitudes e identificación y es por ello que los jóvenes se aferran y son tan influidos por la música.


Otro rol que juega la música en la vida de los adolescentes es el de ser puente para las relaciones interpersonales. Las canciones o cantantes abordan temas que hacen nexo entre los jóvenes y crean así puntos de encuentro universales para la interacción entre ellos. Esta es una competencia que los portales de redes sociales destacaron desde sus inicios. Facebook por ejemplo solicita a los usuarios escribir cuál es su música favorita al crear los perfiles y los destaca para que lo visualicen las personas que visitan dicho perfil. El gusto por una canción habla más de quien la escucha que de quien la canta y por ello la música genera identificación social. Tener los mismos gustos musicales, significa mucho más que una coincidencia cualquiera, por lo que respecta a una valoración estética. Este equivalente es sinónimo de atracción social ya que se comparten puntos de vista, valores, creencias, formas de vestir, etc.


En la adolescencia se aceptan conceptos sin cuestionarlos, aceptan conceptos dependiendo de quien los diga. Si tomamos en cuenta de que hay promedio de 9 referencias sexuales por canción según la revista Billboard en su edición Hot 100 del año 2011, el riesgo de crecer con conceptos ficticios o distorsionados se convierte en una amenaza en la formación integral de los adolescentes. Una de las consideraciones coeducativas de la formación musical es justamente, deconstruir el estereotipo existente violento que se podría interiorizar en la mente de los adolescentes.


Si evaluamos cuantas normas sociales, leyes, nombres, propiedades, costumbres, hábitos, actitudes y cualidades se aprenden desde niños a través de canciones, se puede comprender que, si los adolescentes estudian música dirigida a un propósito, su resultado es positivo y sobre todo es real. La cualidad positiva está en que se pueda sacar ventaja desde la enseñanza al acercar a los estudiantes a canciones que les sume en buenas costumbres, hábitos, entre otros, pero igual de importante es saber que los adolescentes utilizan la música para evocar memorias, sentirse parte de algo y por ello la utilidad es ante todo algo real para ellos también.


Las instituciones educativas dedicadas a la enseñanza de música llevan gran responsabilidad en este proceso. La tarea de que los estudiantes logren resultados y se diviertan al mismo tiempo para que la retención estudiantil permita el principal objetivo de entonar un instrumento se consuma recae en las instituciones. De igual manera las instituciones educativas musicales absorben la responsabilidad de sensibilizar a la comunidad sobre el objetivo coeducativo el cual pretende sumar a la formación de los niños y adolescentes al encaminarlos en sus actitudes, hábitos, comportamientos basados en toda la influencia que tiene la música en ellos como expuesto previamente.


Bibliografía

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